Jelena

  • Serbia
  • En La Línea desde 2004
  • Profesional en nanotecnología y proyectos de la Comisión Europea.

Jelena vivía en Alemania donde terminó su PHD en Ingeniería hasta que el amor y su atracción por España la trajo a La Línea. Antes de decidirse a quedarse estuvo de visita dos o tres veces y se sentía cómoda con el ambiente de la ciudad. Un sitio donde no se tenía la sensación de ser extranjera gracias a la variedad de nacionalidades que pudo encontrar. Llegó con una promesa de trabajo en una escuela de idioma para también atraída por la cercanía de Gibraltar y las posibilidades profesionales que podría encontrar.

Su primera visita a La Línea en marzo y recuerda muy bien el olor del azahar de los naranjos en flor. Tiene muy bonitos recuerdos de esa época.

Jelena se sintió rápidamente bien en La Línea gracias a que empezó a relacionarse con mucha gente desde el principio, en parte gracias a su pareja, que es de la zona. “Todos tenían curiosidad por saber mi historia, de dónde vengo, qué hago”. No fue nada difícil adaptarse. Se relacionaba tanto con extranjeros como con linenses. Aunque como al principio no hablaba casi nada de español, era más fácil con los extranjeros.

Han pasado muchos años con diferentes aventuras, de vivir en el bullicioso centro al principio pasó a la tranquilidad de Santa Margarita y tuvo a su hijo. Ahora echa de menos a mucha gente que ya no está de aquellos primeros años. Mucha gente con la que conectaba y que se ha ido por la crisis o por diferentes motivos; ” La Línea tiene mucho flujo de gente que va y viene”. Aunque todavía disfruta de la ciudad cuando tiene oportunidad de salir y ver a sus amigos, siente que la calidad de vida ha bajado en estos últimos años y ya no se siente tan cómoda.

Por supuesto adora el tiempo, el sol y la playa y que no se siente como extranjera en La Línea. Además siente que en La Línea hay muchos artistas; “de la gente que conozco, muchos se dedican a pintar, escribir, a la fotografía, la música y es impresionante la cantidad que hay”. Cosa que no cuadra con la cantidad de oferta cultural, que es muy escasa. Además no le gusta la falta de educación de una parte de los linenses y la falta de limpieza y de cuidados en las calles.

Ahora siente la necesidad de vivir en una ciudad más grande por su hijo y por su vida cultural y social. Aunque sería difícil volver a conocer a gente nueva “quiero que mi niño crezca en una ciudad que le pueda ofrecer más cosas”.

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