Sobre el proyecto

Estábamos en 2004, entonces era un chico de La Línea que llevaba una vida normal. Trabajaba en Gibraltar como muchos y intentaba sacar adelante una pequeña casa de alquiler. Tenía mis amigos y salía a divertirme como cualquier veinteañero. En los últimos meses había notado como, cada vez más, había nueva gente en el pueblo. Venían de diferentes países. Ver por la calle a ingleses, alemanes, africanos era algo relativamente normal, pero de repente aparecían belgas, holandeses, polacos, daneses, checos o austriacos; y era diferente. 

Un día mi primo llegó a casa y me contó que había conocido a dos griegos. No me lo podía creer, ¿qué hacen unos chicos griegos en La Línea? Para mí Grecia estaba demasiado lejos, era demasiado desconocido. Esa noche había quedado con ellos y me dijo que tenía que ir con él. Estaban aquí para trabajar en Gibraltar, en alguna empresa de juego online, cosa que, hasta el momento, era algo muy extraño y nuevo para todos. Uno de ellos es Dionissis, uno de los que han participado en este proyecto. Diría que esa noche cambió mi vida y mi forma de ver el mundo. A partir de entonces no había reunión social en la que no hubiera tres o cuatro nacionalidades distintas. Así conocí a Giovanni, que hoy es un linense más o a Levent, un turco crecido en Alemania. Una comunidad enorme de griegos llenaba los bares y alguna conocida cafetería del centro. 

Me convertí para algunos en una especia de guía de La Línea y de la zona aunque, al mismo tiempo, ellos me ayudaron a descubrir mi propia ciudad, la cultura y el idioma. Tanto fue así que al poco tiempo yo mismo empecé a hacer una vida parecida a la de ellos. Empecé a trabajar en el juego online.

Muchos de estos estaban aquí de paso, su mayor interés era salir y divertirse con el dinero que ganaban en Gibraltar gracias a que la Libra entonces estaba en su apogeo tras la llegada del Euro. Tenía amigos italianos, griegos, portugueses, irlandeses, belgas, franceses, checos, eslovacos, turcos, en fin, de casi toda europa. Recuerda fiestas que parecían la ONU. 

Con el tiempo, algunos se fueron porque buscaban otras cosas en la vida, pero han sido muchos los que se han quedado, han hecho de La Línea su hogar y el de su familia. Hoy hay decenas de parejas formadas por miembros de diferentes países, con hijos empiezan a ir a la escuela y que hablan, desde pequeños, dos o tres idiomas. Y, sin embargo, muchas veces me da la sensación de que esta comunidad de habitantes de La Línea no parece ser tomada en cuenta por la ciudad o, al menos, que son desconocidos para la mayoría de linenses. Y es por eso, que decidí poner mi granito de arena para ayudar a que el pueblo conozca a este grupo de personas que, de una manera importante, ha empezado a formar parte del día a día de todos, aportando beneficio a la economía local e incluso tomando parte en decisiones tan importantes como unas elecciones municipales usando su derecho al voto.

Por medio de una serie de fotografías acompañadas de una breve historia de cada uno, quiero mostrar como se sienten algunos de estos amigos que viven en La Línea desde hace algún tiempo y que, de una manera u otra, consideran estar en casa. El proyecto está disponible a través de esta web, página de Facebook y una próxima exposición.